Cien metros me separan de una imposible tormenta y como un rayo cegador se cubren mis ojos de lluvia helada ante una basta llanura americana. Así empieza el retrato de un hombre perdido. Frente a frente emprendemos el camino incierto hacia un destino con final idealizado. El recorrido acompañado suele guardar hostilidad a partes desiguales por que no suelo implicarme en biografías ajenas. Planeo la cronología de una nueva narración en cada nuevo personaje imaginado. Soy un actor dramático con tendencia melancólica que dirige al interprete hacia la ejecución de un determinado relato. No soy generoso en los propósitos de otros por que soy quien retrata la historia y es finalmente en cada fotografía finalizada cuando veo en lo que puedo convertirme. Me gustan los metrajes cortos que llevan a centrar el resultado en pequeñas secuencias de unas tres imágenes para convertir cada trabajo en una pequeña película de ciencia ficción. Con todo esto puedo decir que mis retratos son como los maravillosos trajes diseñados por Bill Belew. Sobretodo a modo de los últimos que lucia en su carrera final Elvis Presley. El de color blanco con el cuello extra y brillantes como estrellas, ese en el que el rey del rock and roll, quemaba sus últimos días embutido en una estampa sublime con cinturón doble y hebilla cromada en un broche central lleno de gloria. Así retrato, celebrando la  increíble nostalgia de Always on my mind.